lunes 10 de agosto de 2009


Cansada del ruido de la carne. Que me salve alguien de este sacrificio. Todos los días, a toda hora, que duela para aprender. Esto no es poesía, es un grito, que tiene la luminosidad del silencio, la desesperación de la soledad cuando desnuda viene a clavarme vidrios en las manos. Que tiene la desgarradura que sangra enormes vertientes de llanto, y en esa sangre llanto que se vuelca me deshago, me hundo, me aniquilo.

domingo 24 de mayo de 2009

Digo

La cuerda que gira, que hace espirales en la garganta. Y tres cuernos creciéndose en la voz que llama. Ahora la voz que llama lo que no viene, lo que desaparece.
También el cuerpo donde ofrecen su lengua los felinos, el séquito del miedo, oscuros los huecos, los silencios, los labios de la palabra trapecista en el circo del cuerpo.
Ahora no saber la pisada y algo como un precipicio levantándole los huesos a la luz, abriéndole las piernas a la ausencia de mí que me da muerte vertical. Pozo donde la tormenta se humedece. Sexo musical entre lo que es y lo que no.

jueves 16 de abril de 2009



Siempre tengo miedo. Mi miedo es mi fantasma. Espía detrás de mí, dentro de mí, a mis costados.
Hablo con mi cuerpo, hablo con mi instinto. Algo que me ayude a salir de acá, de todos los lugares. Algo que me haga impenetrable.
Ahora, hoy, miedo a la sensación, la giganta devoradora.
Miedo a esta sensación específica de amor, piel, pantano.

bgjhf

I

Arena en mis manos
mis manos son de arena.
Barro en los pies
los pies son de barro.
Tienen las cosas olvidadas
gusto a lluvia en la boca de la tierra.
Se deshace el cuerpo,
ruido de hojas volando
que deja lo que se va.

II

Noche en que la ausencia cruje.
Y dejarte llegar como un polizón desnudo en viaje a mi tiempo de bruja.
Tu nombre resucitando la mañana.

III

Tu beso en la mañana
la música con que tu cuerpo
construye lo que se olvida.

miércoles 18 de marzo de 2009

X

Arrastra sus estrellas con las manos.
En la pared un hueco para respirar la desposesión,
para espiarse con las manos, con la piel hecha río.
Ya podrá ofrecer el cuerno que le sube por los huesos,
el dolor innumerable de los perfumes haciendo la madrugada.
Se despiden las cosas.
Se van.
Se detienen a un paso inalcanzable.
Llora la etérea su vuelo,
su falta de canción de cuna.

Porque canta la noche y se hace la noche
Porque canta el día y se hace la noche.

domingo 15 de marzo de 2009

Subida al agua

Antes azul, joven su boca. Subida al lomo de pájaro que el tiempo tiene.
Ayer perpetua regaladora de sílabas que se abrían como hierba en la lengua.
Arroyos ardientes de jardín.
Pero la muerte llega con su bolsa de soledades. Pero mejor llega la soledad con su bolsa de muertes.
Baila su corazón la canción que no debe bailarse. Recuerda la pequeña pobreza de la posesión.
Habrá sabido cuando llegue el silencio.
La deslumbrada no muere con la ausencia. La deslumbrada abre los ojos y los ojos se le vuelcan. En la espera del alimento para calmar la necesidad, se despeña blanca y lentamente por la sombra. El corazón lleno de barro.
Todo lo nuevo y lo antiguo, todo lo que es y no, todo hace la maleza en su cuerpo.
En su garganta un ángel muerto.
La luna de sus talones amenazando la orilla.
En el agua nace la mañana.

martes 10 de febrero de 2009

Dejar, decir

Te toca el amor, la burbuja, la roca.
Son los designios de tu casa niña
tu casa que vio las mariposas enredadas en tu cerco.
Un río se extiende como un inmenso dios con piel rasgada
y hay detrás los huesos relumbrando tu blancura.
Ya te comen las calaveras de la nostalgia,
te roen el espacio que te queda en el mundo,
el pequeño lugar que te ha sido asignado.
Escribir que las cosas se van detrás de los días,
como perros fieles que deben desterrase.
Decirte que tu cuerpo tiene otro nombre en el silencio
para evocar lo que está y que no se ve.
Decir que el dolor de la partida,
que dejar partir,
cómo decir.

Piel manzana

Yo no puedo decirte
más que círculos de agua dulce extendiéndose en tu cara,
el lugar imposible para la sed
el lugar de miedo.
Estás y detrás del tiempo te corona mi carencia
con cinco lunas abiertas en tu boca.
En la espera de la fatalidad
crean tus ojos una hondura.
Será todo barco que regresa.
Anuda tu cuerpo estas pequeñas arboledas en las manos
para nacerte y respirarte.
Voz ésta que se muere entera, lentamente, hace años,
que te dice tu piel partida por los astros,
entregada como ofrenda no debida a la niña bruja,
tu piel de manzana que se cae.

sábado 10 de enero de 2009

Todo es un interior

“Todo es un interior”.

Alejandra Pizarnik


Las muñecas colgando de las ramas, innumerables, acostumbrándose a los ojos que no miran, las piernas embarradas, el sol volcado entre las hojas.
Todo es un interior. De la noche salen las bestias aturdidas que me caminan el tiempo. De la noche que es mi noche y la noche de las que soy.
Se ha cansado de los milagros de su corazón, de la magia de su corazón, de su propia inexistencia.
Quiero caerme en pedazos de ausencias, todas las ausencias que me construyen, a mí, que no soy, que estoy hecha de lo irrecuperable, lo inconcebible, de lo que se deja partir.
Se está durmiendo y el tiempo le apaga el rostro con sus tambores de agua.
La tierra se sirve de lo más codiciado, la tierra tiene lo que quiere, quiero ser tierra de cementerio.
Se oscurece, se hace negro silencio su piel de anciana, que nace y muere y nace y muere.
Todo se va, todo da al olvido, todo mira y se dirige al olvido. Lo más triste: estar y no estar. No verme en el mundo sino como un dibujo tirado por una madre llena de dibujos, una madre dibujada, creada con los lápices del hijo, cansada de dibujos.
Se va a llenarse de alas pesadas.
Voy a construir la iluminada geografía de mi sexo, mi inocencia.
Se va y se ve irse y volver, irse y volver, desde sí hasta sí, hasta estar toda desarmada, volcada a sus costados, con el amor latiéndole a carne viva, doliéndole para siempre.
De la certeza de que todo es un interior. Se ha cansado de los milagros de su corazón.

viernes 9 de enero de 2009

Janis

Vibra desde lejos
va adelantando su aliento de ángel
su murmullo de ángel enclaustrado en la garganta.

Atada al sexo de la voz equilibrista
a punto de la vida
a punto de la muerte
la bestia,
la carne abierta.

Y qué si tu canto planea con alas rotas
entre los trapecios de la mente,
y qué si te digo que debajo de la tierra esconde sus relojes la muerte
y que los gritos de sus tiempos no pueden callarte.

Y qué si te cuento que te hago el amor con mi silencio sin que te des cuenta.